viernes, 19 de octubre de 2018

S – U – E – Ñ – O – S

 oñé con mi viejo

Lo vi con claridad, era él. Me acerqué. Estaba tomando mates, sentado bajo la sombra del limonero. Sin hablar, con un solo gesto, cebó uno y me lo ofreció con una hospitalidad digna de un buen campechano. Lo tomé lentamente. Es que el humito que salía de la yerba me indicaba que el agua estaba para pelar chanchos, la intuición no falló. Quemaba. Era un mate corto, caliente, lento y amargo. Corto por la poca agua que le ponía, caliente por razones obvias, lento por la temperatura del agua que obligaba a ser cuidadoso. Y amargo, muy amargo. Más amargo que un mate amargo. Aún recuerdo su sabor, me quedó impregnado en la lengua y el paladar. Si me preguntan cuál es el mate más amargo del mundo, les digo que el que cebaba mi papá. Perdón por lo reiterativo y por no brindarle sinónimos de amargo al relato, pero esos mates eran así, amargos. Y punto.


 na buena charla

Solemos creer que la voz tiene que salir de nuestra garganta y decir algo para llenar el espacio, para correr al silencio. Pero no es necesario.  Una buena charla entre dos personas puede ser aquella en la que no se hable. A veces, estar en silencio es el mejor idioma. Porque nos permite escuchar. Con el correr de los años aprendí a escuchar. Y también a observar. La mezcla de estas dos aptitudes me lleva a reconocer las personas que no saben hacerlo. Carecer de la capacidad de escucha limita toda concepción de realidad.

Tomábamos mate mientras sonaba de fondo, muy de fondo, los tangos de la radio. Hasta que me habló. Volví a escuchar su voz…


  sa voz la recuerdo

Por momentos ronca. Por momentos aguda. O grave. Sonaba seca, casi sin saliva. Cada vez que hablaba, se hacía sentir. Una vez lo escuché cantar. Desafinaba bastante. Pero no puedo negar que cantaba con pasión, esa pasión enardecida que suelen expresar los nostálgicos.

Se levantó del balde de pintura vacío donde estaba sentado. Yo lo miraba desde el pasto. Por la altura del sol, supongo que era mediodía. Hacía mucho calor. Lo sé por el short que llevaba puesto mi padre. En verano solía andar con el torso desnudo. Así, en cuero, con la redondez perfecta de su panza y sus fibrosas piernas chuecas, agarró la pava y habló: “Voy a cocinar algo”.


 oquis con salsa

Almorzar pastas era un clásico de los fines de semana. Solía ser algo básico, fideos con manteca. Por eso ver a mi viejo cocinando ñoquis se podía considerar todo un lujo. Lo seguí hasta la cocina. Me di cuenta que se trataba de un día domingo, porque la tele estaba prendida con la carrera de autos. El sonido de los motores mezclado con la voz particular del relator era música para sus oídos. Ante cada choque, golpe, grito o alguna onomatopeya del periodista, papá interrumpía lo que estaba haciendo para prestarle religiosa atención. No importaba mucho el apellido del corredor, sólo deseaba que se suba al podio del primero alguien que haya manejado un Ford.

Cuando caía la tarde, salimos a andar en bicicleta por el barrio. Anduvimos por muchos lugares. Hasta que llegamos a una estación de servicio. Apuntó la vista directo a la tele del bar


 tra gran alegría

El fútbol era una pasión indiscutible. Para cerrar un día perfecto, tenía que ganar el equipo de sus amores. Le gustaba decir: “Solo falta que gane Boquita”. Sufría y gozaba mucho por Boca. Cada vez que ganaba, yo pensaba inmediatamente en él.

Si durante el resto del día no hablamos, en este momento ocurría todo lo contrario. Mirábamos el partido tomando gaseosa, apenas le alcanzaba para comprar una botella chica. La efusividad para gritar los goles, los comentarios, quejas al árbitro e insultos al rival nos daban un tinte de fanatismo, que ni el barrabrava más peligroso del país se parecía a nosotros.

¡Salimos campeones! Ver a mi viejo subirse a la bici con extrema alegría era una imagen imborrable.


          oñar pequeñas cosas

Los detalles que atesoramos nos definen como las personas que somos y queremos ser. Llegamos a lugares impensados, recorremos sitios que alguna vez fueron parte de la realidad. Podemos ver, escuchar, hablar, tocar, abrazar.

Soñé con mi viejo. Con su voz y sus silencios al mismo tiempo. Solo una persona como él tenía la capacidad de manejar esos dos idiomas. Volví a comunicarme con él. Como aquellas veces, escuchando su silencio. Me reencontré con él, tarareando canciones de su vieja radio portátil. Soñé con el sabor de sus mates, en un domingo cualquiera. Con lo sencillo, con su simpleza, con lo humano. No fue un recuerdo, estuve ahí, sé que estuve soñando.



Relator de Sueños



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lunes, 8 de octubre de 2018

SIN ETIQUETAS


Acá estoy nuevamente arremetiendo contra la modernidad, sin oponerme a ella ni mucho menos llamando a un “golpe de estado”. No pretendo que, cayendo en la comparación con tiempos remotos, usted simple lector/a afirme que quien suscribe es enemigo acérrimo de las nuevas tecnologías. Al contrario, soy un aliado más. Me sirvo de ellas, para expresarles nada más y nada menos que una mera visión de la realidad, un modo de ver las cosas. Lo que leerán a continuación, no es ni la verdad absoluta ni una opinión indiscutible.


Llevamos el chip de la ansiedad

Nuestra mente, siempre tan compleja y estimulada, vive días de una intensidad tan constante que nos lleva a sobrevalorar el tiempo. Gracias a la inmediatez de la globalización, al efecto “social” de la vida íntima y a la velocidad de la conectividad, los segundos pasaron a ser minutos y éstos a su vez, se sienten como horas. Llamar la atención ya no es el desafío, el trabajo está en conservarla. (Pensamiento del autor: ¿Será que leerán el texto hasta el final?)

Cuando enviamos un simple mensaje a una persona, ¿Acaso no chequeamos una y otra vez si llegó y fue leído? Seamos sinceros/as, ¿Nunca le dimos el carácter “urgente” cuando en verdad no lo era? Todo parece indicar que, en realidad, lo que sucede es no concebir a la otra persona con el teléfono lejos de su mano. Es tal la incorporación de esta herramienta de la comunicación a la vida diaria, que la maquinaria de la imaginación solo admite gente “en línea”, “activa”, “disponible”, o como quieran llamarlo. Necesitamos saber todo YA. No saber esperar es producto de haber desaprendido ciertas cosas: Por citar algunos ejemplos, ¿Me van a decir que cuando enviábamos una carta por correo pretendíamos respuesta inmediata? Si coordinamos encontrarnos con una persona en tal calle, ¿Qué es lo primero que hacemos cuando llegamos al lugar? Habría que contabilizar cuánto esperamos hasta mandar el “llegué, ¿dónde estás?”


Publico, luego existo

“Salgan a vivir el mundo”, dijo alguien quejándose del uso de las redes sociales. Inmediatamente, se creó una cuenta para estar a la moda, porque todo su entorno lo había hecho. Y salió al mundo, pero mucho mejor que antes, porque ahora tiene perfil en Instagram. Paradójica contradicción en la que cayó esta persona, ¿No?

No publicar o no “chequear” lo que publicaron otros/as, nos genera una sensación de vacío tan grande, que no se trata simplemente de exclusión. Estar en las redes es pertenecer a ellas. Mezclarnos entre la masa, incorporar los modos, hábitos y costumbres, modificar nuestro lenguaje, entre otras cosas, nos da algo más que un sentido de pertenencia. La EXISTENCIA misma. ¿Nunca pensaron que sería de nosotros sin celular ni redes sociales? Para ahorrar ansiedades, les doy la respuesta: No existiríamos. Seríamos borrados/as literalmente del mundo, o mejor dicho, del mundo virtual.


Al alcance de la mano

El despertador solía ser aquel reloj ubicado en la mesita de luz. La temperatura y probabilidad de lluvias para el día, la sabíamos al sintonizar la radio o TV. La tapa del diario era conocida cuando nos golpeaba la puerta de casa por la mañana. Un correo electrónico era leído únicamente en la oficina. Para llegar a destino, abríamos el mapa o la guía de calles. Pedíamos una pizza buscando el número de teléfono en el imán de la heladera y llamando posteriormente. Nuestras cuentas bancarias solo las conocíamos yendo al banco…

Abundan los ejemplos, de cuan resumida se encuentra la rutina diaria a la palma de la mano. Todo lo que precisemos, lo tenemos ahí. Esa facilidad, extendida a muchos ámbitos de la vida cotidiana, se convirtió en necesidad. Y esa necesidad, en dependencia. Por eso, el celular es lo primero que vemos al despertar y lo último antes de dormir.


¿Ya no disfrutamos?

Ni siquiera en nuestras tan esperadas vacaciones, por fin sentados/as en la reposera de cara a la inmensidad del mar, ni en la cima de la montaña más linda del mundo, tampoco en esas instancias queremos “desaparecer”. No vamos a borrar rastro alguno. El mundo tiene que saber que semejante avión está a punto de despegar cuando nos vamos o aterrizar al regreso.

En el grupo de whatsapp somos 9, organizamos una gran reunión. Será un reencuentro, después de varios meses sin vernos. Nos vamos a sentar alrededor de una gran mesa y brindaremos por tantos años. Cuando ya estemos todos, ¿Alguien preguntará “quién falta”? ¿Nos pondremos a repasar una y otra vez la lista? ¿Hablaremos de las personas que no fueron invitadas? Suena casi a utopía que transcurran 2 horas con los 9 celulares en los bolsillos.

Somos pareja, estamos vestidos de gala. Nos acaban de preparar una deliciosa comida en el mejor restaurant de la ciudad, en la cena más romántica que podíamos tener. Antes de mirar a los ojos a esa persona que tanto amamos y confesarle todo nuestro amor, le vamos a sacar una buena foto a ese plato. Para cuando nos traigan el postre, tendríamos que tener muchos “me gusta” y comentarios aprobatorios a esa publicación. No importa si durante la velada discutimos, hablamos de cosas feas o ni siquiera conversamos, eso no tendría importancia. Si en la foto salimos bien y los comentarios rezan la frase “Me alegra verlos felices”, el objetivo de la salida estaría cumplido.

La pregunta que resume estos ejemplos es una sola: ¿Seríamos capaces de vivir sin etiquetas?


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jueves, 13 de septiembre de 2018

VER PARA CRECER



Un anciano y un niño se sentaron bajo la sombra de un árbol. El hombre le preguntó al pequeño: -¿De qué color es la vida? -. El nene, mirando el cielo le contestó: -Celeste -.

-Puede ser. Sin embargo, estás respondiendo más allá del alcance de tu propia vista. Eso es porque buscas lo lejano, lo inalcanzable para tu mano. Y lo único que es eterno -.  El viejito, señaló hacia arriba y siguió diciendo, -mucho más cerca tenemos cosas que también representan la vida, en todas sus formas -.

El niño observó detenidamente una hoja seca. Con desconfianza, respondió: -Esa hoja está marrón porque se secó -.

-Así es, está seca. Eso, para mucha gente, simboliza la muerte. Las personas que le tienen miedo, siempre te van a decir que es lo contrario a la vida. Pero te desafío a responder la siguiente pregunta, mira ese árbol y dime: ¿No puede la muerte ser parte de la vida? –dijo el anciano.

-¿Entonces la vida es marrón? -.

-Del color que quieras darle. Puede tener uno, mil o ninguno. Dependerá de tus ojos y tus ganas de pintar el mundo –el hombre se puso de pie, apoyó la espalda sobre el tronco y continuó-. Vivir también es una manera de morir, morir también podría ser vivir. La naturaleza que nos rodea, lo dice todo el tiempo, el problema está en que no queremos escucharla. Frente a tus ojos, si miras bien, vas a encontrar muchas cosas. Me voy, para que puedas verlas-.

El niño se quedó solo, observando detenidamente el árbol. Miró cada una de sus partes y se alegró. Es que descubrió, con mucho asombro, colores y texturas en ese árbol donde antes solo veía el marrón de las hojas secas.
 
Debemos aprender a prestar atención, sin la sentencia apresurada de las cosas. Los detalles que tenemos a nuestro alrededor nos pueden enseñar a vivir realmente.

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lunes, 27 de agosto de 2018

MÁS AMOR NATURAL



Escuchamos muchas veces la frase trillada "con el amor no alcanza."  Pensemos bien en semejante afirmación, "el amor... no alcanza". ¡Qué contradicción más grande! Si se supone que el amor es la fuerza más grande del Universo, ¿Cómo no va a ser suficiente? Lo que esconde esa frase en realidad es una mentira piadosa, una manera distinta de excusarnos ante la falta de amor. Lo decimos para no admitir una carencia, algo que no sentimos. Es probable que la digamos cuando no haya amor verdadero.

¿Por qué mendigamos amor? Eso tampoco debería pasar. Pedir cariño, demandarlo a las personas. Es que no se negocia. El amor no es una mercancía, al contrario. Es algo intangible que se da SIN ESPERAR RECIBIR NADA A CAMBIO. ¿Por qué osamos de pretender al Amor? No debería suceder, que estemos más pendientes de llevar registro del cariño de los demás sin mirar el propio, el que debemos regalar nosotros mismos.

No mendiguemos cariño, regalémoslo. Porque si estamos tan pendientes de cuánto nos dan, nos vamos a olvidar de lo que nosotros somos capaces de hacer, y así caeremos en un sitio incómodo, calculador. Cuántas veces escuchamos a las personas decir "para vivir en pareja hay que ceder, es una negociación". Entonces vale preguntar: ¿Debería ser así, como si se tratara de un acuerdo, de un contrato? ¿Qué es lo que "cedemos"? ¿O será que estamos resignando parte de lo que somos? Pero amor no es resignación, debería equivaler a una aceptación de la persona. Las cosas que resignamos son en verdad, esos detalles que hacen a la convivencia, que naturalmente dejamos de lado por el bienestar común. No confundamos esos aspectos particulares con una mirada fría y especuladora del amor en general. Una cosa es abandonar las “manías” personales porque resultan perjudiciales a la otra persona y otra muy distinta es dejar de lado nuestro propio ser, perder el amor propio.

Sentir amor por alguien, ¿No es también amar sus errores y defectos? Claro que sí, no sientan miedo de amar lo imperfecto de las cosas. No existe la perfección, sino más bien nuestra idealización de esa supuesta perfección. Aprendamos a reconocer los defectos de nuestros seres queridos para aceptarlos realmente.

Si hay amor en nuestro interior, no sentiremos la necesidad de salir al entorno a pedir cuentas. No vamos a exigirle nada a nadie, no nos deben rendir a nosotros, no hará falta. Porque vamos a sentir amor, ese va a ser el motor que le dará impulso a nuestros pies para avanzar, nunca retroceder. A esas personas que amamos, les vamos a dar amor sin pretensiones, amor del bueno. Ese amor de la nobleza es el que todo lo da, sin reclamar nada. Que no existan cárceles, que no haya ataduras. Amemos la libertad, comenzando por la propia, para que admiremos la libertad de la persona que nos acompaña. La reciprocidad de sentirnos libres implica muchas cosas, una fundamental es el amor desinteresado, sin medidas ni etiquetas. Cuántas veces habremos escuchado a las personas decir frases como "si llevan tantos años deberían probar con la convivencia", "los novios tienen que hacer tal cosa", "las novias tienen que hacer tal cosa", "el hombre en la pareja es...", "la mujer en la pareja es..." ¡No! Cada persona es como es, somos seres únicos e incomparables, individualidades que ELEGIMOS la compañía a nuestras vidas. Ningún camino se transita igual, ninguna historia se escribe de la misma manera. No hay fórmulas ni dictados para el amor, más que seguir el impulso de nuestro corazón. Rompamos esas reglas absurdas: El amor no es social, justamente amar nos hace libres. Aprenderemos a amar desde la admiración y el respeto, como las aves que salen del nido para trazar su propio vuelo.

Se necesita más amor natural...Hace falta un sentimiento así en el mundo.

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viernes, 10 de agosto de 2018

DIME QUE OPINAS DEL ABORTO Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Una vez más, el “honorable” Senado de la Nación Argentina, se convirtió en el escenario principal de una sesión histórica para el país. Lxs “representantes” del pueblo brindaron, el día miércoles 8 de agosto de 2018, un debate que dejó mucho que desear. Fueron 62 personas que expusieron en un discurso de 10 minutos aproximados cada unx, sus visiones PARTICULARES de un tema serio, profundo y transversal con un bagaje histórico, tan añejo como la sociedad misma. ¿Por qué una problemática demandante de políticas públicas fue tratada desde los fundamentos a base de creencias personales? Siguen los ecos de una jornada en la que abundó el “YO creo que…”


La votación duró apenas unos segundos. Se dio a las 2:44 de la mañana



Luego de casi 17 horas de debate y con un total de 62 oradorxs, la Cámara alta rechazó (a las 02:44 del día jueves) el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que contaba con media sanción de Diputados. Con el voto negativo de 38 senadorxs, 31 a favor, 2 abstenciones y 1 ausencia, la iniciativa no podrá volver a considerarse durante el corriente año parlamentario. Vaya paradoja, que en tan solo 17 horas 71 personas, ocupando una banca por voluntad y elección democrática de la población, hayan decidido sobre el futuro de una problemática que arrastra DÉCADAS. Esos 38 votos en contra frente a los 31, sumado a las 2 abstenciones no fueron más que 71 DECISIONES POLÍTICAS. Cada senador y senadora, han elegido qué hacer al respecto, de qué lado de la historia quedar, han demostrado que clase de personas son. Esas decisiones que tomaron son fiel reflejo de lo que somos como sociedad: Lxs que “no porque no”, lxs que “si porque si” y no dejemos de lado esos 2 votos “en blanco”, que también ejemplifican a ese sector de la población que descansa en la impunidad de la quietud. El punto en común es la liviandad con la que vociferaron sus argumentos, demostrando una irresponsabilidad verbal tan grande como el Congreso.


Rojo: Votos en contra. Verde: Votos a favor. Amarillo: Abstenciones. Celeste: Ausente.


Nos cuesta tanto empatizar con causas donde hay injusticia por la evidente ausencia del Estado, que caemos en el facilismo de "mirar para otro lado". Si sus funciones son ineludibles, ¿Por qué tardamos en reaccionar? ¿Cómo podemos permitir que quienes nos representan, defendiendo y atendiendo los intereses de las provincias digan abiertamente "El Estado no está presente"? Muchxs de ellxs llevan años en el Senado o fueron funcionarios públicos, por citar un ejemplo se puede mencionar a Rodolfo Julio Urtubey, graduado como abogado en el año 1982, quien es senador por la Provincia de Salta desde diciembre de 2013 y dijo textuales palabras: "Yo creo que habría que ver aquellos casos, porque hay algunos casos donde la violación no tiene esa configuración clásica de la violencia sobre la mujer, sino que a veces la violación es un acto no voluntario con una persona que tiene inferioridad absoluta de poder frente al abusador, por ejemplo en el abuso intrafamiliar, donde no se puede hablar de violencia pero tampoco se puede hablar de consentimiento..."

El Senado de la Nación Argentina está compuesto por 72 personas: 30 son mujeres y 42 hombres. ¿Cómo votaron?

Votos en contra:
24 de los 42 senadores hombres.
14 de las 30 senadoras mujeres.

Votos a favor:
17 de los 42 senadores hombres.
14 de las 30 senadoras mujeres.


Sin embargo, lo que pasó en el Senado no fue lo único. Las calles se expresaron nuevamente, los medios masivos de comunicación tomaron esa expresión con el foco puesto en “farandulizar” la hipocresía y seguir en la errada postura de tomar el tema como una “guerra de tribunas”. ¿Realmente creemos que es una cuestión de ver "que color ganará"? ¿Se trata de la dualidad entre verde o celeste? ¿Es necesario que nos comportemos así? La historia argentina se escribe trazando la división entre dos bandos, corriendo maliciosamente el eje central de las discusiones y preocupaciones de los grupos colectivos que surgieron con anterioridad. Un lema, un slogan, un cartel original comienza a circular y se difunde. Lo que se viraliza y "suena lindo" llega a personas que solo repiten de memoria, sin preguntarse de quién fue la ocurrencia o si atrás de la frase existe un proyecto responsable para "salvar vidas" realmente.

Recomendaciones de lectura:
Historia de la Comisión por el Derecho al Aborto
Archivo Digital de consulta pública y gratuita
(Del sitio oficial: Abortolegal.com.ar)

Quiénes llevan pañuelos celestes
(Artículo periodístico de la Revista Anfibia, por Luciana Rosende y Wender Pertot)




Lxs presentadorxs de radio y TV acudieron a las plazas, donde la gente alzaba una bandera o llevaba un pañuelo, banalizando el contenido de sus dichos o mostrando las manifestaciones con jocosa algarabía, como si se tratase de una marcha más. Si un grupo manifestaba su bronca, ira y decepción, el morbo por regodearse en ese barro de la violencia les atraía más la atención.

"Marcha celeste", "marcha verde", "sector verde", "sector celeste", "la ola celeste", "aborto legal", son algunos de los títulos que decidieron poner los responsables de los grandes medios, con la excusa de limitarse simplemente a "mostrar la realidad":


  (En el video: Un hombre con pañuelo celeste en el cuello le agradece "por el esfuerzo" al periodista)








Que las calles del país entero desborden de mujeres de todas las edades no significa una simple manifestación. Es un cambio de paradigma que ya está instalado en la sociedad, es la deconstrucción del pensamiento clásico, conservador, obsoleto y machista. El feminismo es la apertura a una sociedad más justa, por ende los hombres debemos acompañar con respeto y sin entorpecer semejante lucha, porque es la más significativa en décadas de Democracia





No, no vamos todavía... Como sociedad, estamos recién arrancando, debemos madurar mucho, empezando por lxs que deben predicar con el ejemplo. No hay nada para festejar, nada para celebrar. Es momento de reflexión, de SERIEDAD y RESPETO. La conducta de muchas personas debería ser intachable frente a ciertos temas. Lo preocupante, es que algunas cosas pasen desapercibidas. Todo este combo, más el éxtasis del fanatismo que pone vendas a los ojos, deja esos lugares donde algunxs parecen estar en comodidad y de las “invisibles” poco se habla: Las víctimas siguen siendo víctimas, inescrupulosxs siguen sin escrúpulos, hombres y mujeres siguen siendo machistas, las opiniones fundadas en el "YO creo que" siguen circulando vagamente... 
Y mientras, LAS PIBAS SIGUEN MURIENDO. Una, cien, mil o quinientos mil muertes, ¿Vamos a seguir permitiendo que pase?  #NiUnaMenos



Rodrigo Omar Gauna




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sábado, 28 de julio de 2018

(DES) CONECTADOS


El ser humano creó un nuevo mundo. 
El de la necesidad imperiosa por hacer que la vida sea una gran vidriera: Vender felicidad





Todo lo que hacemos, pensamos y sentimos es exhibido, nos convertimos en propagandistas de nuestra propia intimidad. Esa misma intimidad, que antes iba directo al cofre de los recuerdos, hoy no espera otra cosa que muchos "me gusta" de forma simultánea. Es el "otro" mundo, el paralelo.  

Vayamos a recorrerlo...

Desayunos, tramos hacia el trabajo, almuerzos, capturas de pantalla con música de Youtube o Spotify, con mensajes recibidos o mails, mates recién preparados, oficinas, reuniones, cosas que suceden en la calle, autos, transportes públicos, platos de comida, tazas de té, apuntes de estudio, vasos de cerveza, bailes, fiestas o boliches, lugares visitados, eventos de todo tipo, el baño (y todo lo que se pueda hacer ahí), las series o películas de Netflix, libros leídos o por leer, habitaciones, camas o sillones, mascotas de todo tipo, momentos de relajación... Hasta los minutos previos al descanso nocturno, en pijama para ganar credibilidad. Las 24 horas, pendientes de la gran vidriera. Ni hablar de los viajes, los países visitados, los aviones despegando, las montañas, ríos o mares; las reuniones familiares, la torta de cumpleaños con la bengala prendida. Todo lo cotidiano, lo transitable, la experiencia de cada ser humano, es "compartida" en el preciso instante que sucede. Es una dependencia constante y evidente, ya sea para revelar secretos íntimos como para ser testigos de los ajenos. Todo esto es llevado a esa realidad paralela llamada "nube". Pero pongamos en jaque ese falso concepto de "compartir" vivencias:

En una charla de café, de la mesa de cualquier bar, ¿Por qué vale más la clave del wi-fi que el contacto directo a los ojos?

En un concierto musical o un partido de fútbol, ¿Por qué no se ven las sombras de la silueta de las cabezas y se ven pantallas de celulares en las tribunas?

En las salas de espera, ¿Por qué ya nadie se queja de las revistas viejas?

En la parada del colectivo, ¿Por qué hay personas que lo pierden?

En la señal verde del semáforo, ¿Por qué tardan un poco más en arrancar los autos?

En los aeropuertos, ¿Por qué hay tantos enchufes?

En las peatonales céntricas, ¿Por qué se choca la gente entre sí?

En la vida misma, ¿Por qué estamos tan apurados? Debe ser por la era de la inmediatez, donde la ansiedad por recibir un mensaje como respuesta nace antes que se envíe el mismo mensaje. Es la época donde un "cartelito" con una frase reflexiva es utilizado para llamar la atención, nos sirve para hacerles saber a los demás lo que pensamos o sentimos pero en ese escondite, sin decirlo directamente a esa persona. Dicho de otra manera, "compartimos" un mensaje subliminal.

Recuerdo que las fotos de las vacaciones las podía ver varios días posteriores al regreso, cuando mamá y papá las "revelaban". ¡Esa mágica sensación de sorpresa! Por reencontrarnos con los recuerdos de los momentos vividos enmarcados en un álbum de fotos, la diversión que significaba pegarle stickers con frases alusivas. Esas vacaciones eran mías, solo mías y de mi familia. No era egoísmo, al contrario, era disfrutar plenamente de las cosas. Estoy seguro que la sociedad no estaba desesperada por "no tener noticias" de mi familia, por no saber dónde estábamos vacacionando. ¿Por qué hoy en día no pasa eso? ¿Por qué la urgencia de la publicidad inmediata le ganó al placer duradero?

Puedo "subir" a la red social la foto del postre que estoy por comer, pero ¿Y el sabor? 

Si les muestro un breve video en el preciso instante que llego a la cima de una montaña, ¿Sentirán la caricia del viento sobre el rostro?

Incluso en este mismo texto, publicado en este mundo virtual, que ustedes están leyendo y tal vez pensando "¡Qué largo es, como pierdo el tiempo!", ¿Alguien puede sentir la sensación de liberación que tengo yo en este momento? Estoy seguro que no, nadie podrá hacerlo jamás. Porque forma parte del mundo real, ese que me conecta verdaderamente con las cosas que siento y no con las apariencias. 



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martes, 12 de junio de 2018

SACARNOS LA CARETA

Deberíamos dejar la hipocresía. Todxs y cada unx de nosotrxs. Vamos a partir de una base muy sencilla: ¿Quién puede predicar con el ejemplo?

Pensemos en nuestro día a día. En el nivel de “indignación” que desarrollamos frente a los hechos cotidianos. En los consejos que damos. En nuestro comportamiento frente a las adversidades. En la coherencia relacionada al pensar/actuar. En estos días, que tan acaloradamente se habla de un tema sensible de SALUD PÚBLICA como lo es la interrupción voluntaria del embarazo, vamos a hablar de actitudes hipócritas…

Antes intentemos respondernos a algunas preguntas:
¿Cuántxs de nosotrxs nos indignamos con la violencia machista pero “insultamos” a alguien diciendo “PUTO/A”?
¿Cuántxs repudiamos la violencia en el mundo, pero deseamos y festejamos cuando matan a un ladrón de celulares?
¿Cuántos pregonamos el amor de Dios desde la religión y sin embargo nos abundan sentimientos de rencor?
¿Y lxs que fomentamos la igualdad mientras rechazamos al/la que piense distinto?
¿Nunca nos tocó de cerca la infidelidad para luego pretender lealtad absoluta? ¿A cuántos “machos” casados les festejamos sus aventuras, pero al mismo tiempo señalamos con el dedo acusador a la mujer infiel? ¿Cuántxs padres/madres le decimos a nuestrxs hijxs “no hay que mentir”, mientras pasamos una noche de hotel sin dormir en nuestra cama?

Sigamos sincerándonos. Pensemos…
¿Nunca prometimos valorar la vida y no preocuparnos más por “pavadas” al enterarnos de una muerte repentina, pero al día siguiente rompemos esa promesa con un enojo inexplicable? ¿Será que ese shock que supone la noticia nos hace decir cosas que no sentimos?
¿Cuántxs nos quejamos del aumento de pobreza y la gente sin trabajo, pagando miseria (y sin declarar al Estado) a una persona para que limpie la casa? ¿Cuántxs propusimos REVOLUCIONES enteras contra lxs poderosxs desde nuestra cómoda silla al muro de Facebook o en escasos caracteres de Twitter?

La hipocresía se encuentra en todo ámbito de la sociedad, con el tema del aborto también pasa. Como no es la excepción, una vez más emergen sobre nuestros entornos, incluso los más íntimos, opiniones infundadas en la empatía o apatía con el tema, sin la seriedad y responsabilidad que merece. Lo más triste, sin la información necesaria. Somos una sociedad con “vagueza intelectual”: Esto significa, que no ahondamos en qué se debate, no profundizamos ni tampoco investigamos. Vemos a cualquier personalidad de la tele o leemos un Tuit simpático sobre el tema y en base a eso construimos nuestra propia opinión. Recién ahí tomamos postura. Escuchamos y leemos a personas decir o compartir frases exactas a las mismas que circulan, se replican “cartelitos de Facebook” que alguien pensó para llamar la atención y ganar adeptos, pero que carecen de precisión con el debate en cuestión. Un ejemplo es la foto del feto y la frase que lo acompaña: “No mates” o “Si a las 2 vidas”. ¿Realmente alguien piensa que una persona que pide legalidad en el aborto, lo hace porque quiere matar por matar? Al decir “no mates”, ¿Están tildando de asesinas a esas mujeres? ¿Son conscientes de lo que están diciendo? ¿Acaso nunca se dieron cuenta que los sectores más pobres de la población, o sea, lxs que menos accesos tienen, son lxs más propensxs a caer en manos clandestinas y dejan SUS VIDAS en manos irresponsables? ¿No sabían eso? ¿Y que una persona de mayor poder adquisitivo, puede pagar en una clínica privada por “un buen” aborto sin sufrir daño alguno? Pero como hoy en día, esa práctica es ilegal, la mayor carga de supuesta culpabilidad no la tiene el hombre que cobró por hacerlo, sino la mujer. La principal “acusada” es la mujer, primero por “dejar embarazarse” y no cuidarse. La señalamos de “trola”, de mujer que no sabe decir “no”. Una vez que la acusamos de todo eso, le exigimos hacerse cargo y responsable de esa criatura. Insisto, no seamos hipócritas, no olvidemos eso. Entonces, desde afuera (muy afuera) opinamos abiertamente que “hubieran pensado antes de abrir las piernas”. ¿Qué pensamiento machista tenemos, no? Piénsenlo por un segundo.

El relato de nuestra sociedad corresponde básicamente a una CULTURA MACHISTA. Una cultura que está arraigada por décadas. Lo que está pasando hoy en día, con este cambio de paradigma, no es otra cosa que la DECONSTRUCCIÓN de ese relato machista preconcebido. El rol de la mujer está cambiando, como así también el del hombre. En cuestiones de género, ya no debemos encasillar, rotular, intentar “moldear” lo masculino o lo femenino, ya no existen inferioridades ni mucho menos superioridades, se trata de IGUALDAD. La fortaleza trasciende y traspasa los géneros. Hombres y mujeres, somos seres HUMANOS, libres y con igualdad de Derechos.

Estamos entre todxs dejando la hipocresía, por eso cada unx deberá mirar para adentro, pensarse a sí mismx y replantearse algunas cuestiones…

Si quedó embarazada: “Esa mujer no supo cuidarse”
Si decidió abortar: “Esa mujer es asesina”
Si es heterosexual y está en pareja hace varios años: “¿Para cuándo el hijo?”
Si es homosexual: “¿Nunca un novio vos?”
Si es homosexual y está en pareja: “Pero, ¿Cómo van a hacer cuando tengan hijos?”
Si está soltera: “Es hora que encuentres un hombre”
Si tuvo muchos hijos: “Se embaraza por un plan social”, “no sabe cerrar las piernas”
Si no puede criar a su hijx: “Es una mala madre”
Si tiene pareja y se va sola de vacaciones: “¿Y tu novio te deja?”
Si la acosan por la calle: “Es que se viste para provocar”
Si la violaron a la salida del boliche: “A ver cómo iba vestida”
Si la violaron y quiere abortar: “Que lo dé en adopción”
Si la violaron, es menor y fue obligada a tener al hijx: “Quedó embarazada. No abortó y fue madre a los 13”

A todo esto, ¿Qué decimos de ÉL? ¿Qué le preguntamos a ÉL? Lo más repetido, para recaer sobre el hombre, es la homosexualidad planteada como “un problema”: “Mi hijo es medio rarito”, “debería estar con todas las minas”, “es un puto de mierda”. Por todo lo demás, cuesta encontrar acusaciones u opiniones tan crueles sobre el hombre. ¿Por qué será?

Justamente, estamos en etapa de deconstrucción. Lleva tiempo, cuesta porque supone un carácter empático con lxs demás, porque conlleva una carga de sensibilidad mayor a otros temas. Lxs que vienen a plantear el crecimiento del pensamiento, intentan derribar muchos mitos y leyendas, es una tarea ardua, costosa y de mucho sacrificio. Hay, hoy en día, mujeres que le ponen el cuerpo a la lucha. También, digamos toda la verdad, existen otras mujeres que se niegan a esa lucha y la menosprecian. Increíblemente, a los pañuelos verdes ahora se le oponen los pañuelos celestes que dicen “Si a las 2 vidas”. Son nada más y nada menos que los gajes de la democracia, lo penoso es que no se discuta lo mismo y la facilidad con la cual corremos los enfoques, según nuestra propia conveniencia. Tiene un triste “ADN argentino”, el fanatismo que acarrean estos temas: “Estás o no estás”

Lo que se debate aquí no es “SI” o “NO” al aborto. No es el eje de la cuestión, no se trata de que el Congreso vote por el “Si, aborten” o “No, no aborten”. Eso es decisión PURAMENTE PERSONAL y nadie debe ser juez, porque todxs, absolutamente  todxs, tenemos la moral bastante desequilibrada como para andar mirando las acciones de lxs demás. Y como ya hemos dejado la hipocresía de lado, asumimos de una buena vez que el aborto existe hace muchos años.

Aquí se define si será LEGAL o seguirán haciéndolo de manera CLANDESTINA. Eso se sabrá en los próximos días. Si el tema está en el marco de la Ley, entonces a cualquier persona que habite suelo argentino, el ESTADO deberá garantizarle protección, cuidados, seguridad y toda la información posible sobre el tema, para que ninguna vida corra riesgo. La legalidad en cuestión no significará que TODA MUJER estará obligada a abortar, no habrá obligación en ello. Es una Ley para otorgar DERECHOS, no para dañar. Los tres grandes ítems son muy claros: Educación Sexual para DECIDIR, Anticonceptivos PARA NO ABORTAR, Aborto Legal PARA NO MORIR. Más claro que eso, imposible. Y si la interrupción voluntaria del embarazo llega a ser legal, entonces habrá que velar y garantizar la total protección de las personas, que se aplique correctamente el protocolo de salud pública, que ninguna persona sufra daño alguno. Así como también, que se cumpla con la Educación Sexual Integral, o sea que las escuelas (instituciones del Estado principales formadoras del pensamiento de personas) hablen del tema, que haya información, contenido y conocimiento, para que por fin la sexualidad deje de ser un “TABÚ Social”.

Estando de acuerdo en todo esto, otro dato resulta interesante y vale la pena destacar. La lucha feminista es la más grande y con mayor alcance en tiempos de democracia. Su visibilidad ha ido en creciente notoriedad, incluso los hombres se han hecho feministas. Este detalle, por más controversia que genere, merece mención ya que implica un auto reconocimiento por parte de algunos varones. Es otra cuestión si “debe luchar a la par”, “no tiene que meterse” o “el hombre solo debe acompañar”; siempre y cuando no entorpezca, no minimice ni banalice semejante lucha. Muchos hombres dicen estar a favor del feminismo, pero sabemos todxs que son dichos de la boca para afuera. Porque piden “no más violencia de género” y “ni una menos”, pero en su cotidiano siguen con prácticas machistas. Queda camino por recorrer, es un movimiento que recién está en etapa de crecimiento y madurez. Seguirá ganando fuerza, por suerte para todxs. Las mujeres más valientes viven entre nosotrxs. Muchas han quedado en el camino, como sociedad debemos asumir los cargos y hacernos responsables, las hemos dejado morir. Durante décadas, se nos han muerto de las manos y no hemos hecho nada. Hasta hoy, que cada vez más mujeres se siguen uniendo. Trabajarán codo a codo con todxs. No se trata de una guerra de género, lucharemos todxs unidxs, hombres y mujeres por un país más justo, con un ESTADO PRESENTE, velando por NUESTROS DERECHOS.

Dejaremos de mirar para otro lado, como hasta hoy hemos hecho siempre. Sin hipocresía, y con un “meaculpa” responsable, todxs vamos a sacarnos la careta. Así, haremos historia.

Alfonsina Storni, “el feminismo es el ejercicio del pensamiento de una mujer”

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